lunes, 11 de diciembre de 2017

La mayoría de las veces que te escribo, tienen una excusa detrás, excusa que disfraza mi ansiedad y mis ganas de saber de ti, de saber que estas bien del otro lado, donde y con quien estés.

Seis meses y medio y yo sigo pasándola mal, pensando de más, explotando de tanto en tanto. ¿Qué haces? ¿Cómo estás? ¿No me extrañas? ¿No me has extrañado en este tiempo que el maldito destino decidió que te alejaras de mí y fueras feliz en otro rumbo, en otros brazos, en otro camino?

Has cambiado, si, y no hace las cosas más fáciles, tampoco que busque excusas estúpidas para hablarte, ni que hablemos, o que nos veamos a altas horas de la noche en la oscuridad de tu habitación.

Son mis ganas de querer complicar las cosas, para ambos, de no ser felices como deberíamos, como merecemos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario